SILENCIO

Parece que hoy en día, hasta en el lugar más remoto empieza a haber demasiado ruido. El tráfico, las pantallas, la concentración de gente, demasiados estímulos que cansan a nuestro cerebro. Y al llegar a casa muchas veces nos imponemos el ruido nosotros mismos: música, series, televisión…
El silencio se ha convertido en un bien al que sólo pueden acceder personas privilegiadas.

Puede ser que, sobre todo en la cultura española, automáticamente asociemos el silencio con el aburrimiento e incluso con la enfermedad. Pero lo cierto es que el ruido cada vez se asienta más como sinónimo de estrés.

Si viajas a un lugar como Finlandia o Copenhague y de repente notas un extremado silencio, no te preocupes. Simplemente disfruta de ello, cuando vuelvas a tu hábitat lo agradecerás.
Y si no tienes la posibilidad de irte tan lejos, tranquilo, no hace falta. Los médicos aconsejan encontrar durante el día ratos de silencio. Sin música, sin voces, sin ruidos que nos perturben, aunque sean cinco minutos.

Científicos han demostrado que vivir cerca de una zona de alto ruido, como un aeropuerto o una carretera, se correlaciona con efectos nocivos como una alta presión arterial o insomnio.

Las ondas de sonido vibran en los huesos del oído, que transmiten el movimiento a la cóclea de forma de caracol. La cóclea convierte las vibraciones físicas en señales eléctricas que la oreja recibe. El cuerpo reacciona inmediatamente a estas señales, incluso en medio del sueño profundo. Esta activación detona una inmediata liberación de hormonas de estrés como el cortisol. Y por ello, las personas que viven consistentemente expuestas a ambientes ruidosos experimentan niveles de estrés crónicamente elevados.

Pero, si intercalamos toda esta contaminación acústica con pausas de tan sólo dos minutos de silencio, el ritmo cardíaco se reduce considerablemente y la respiración se normaliza.

Otro estudio de la Universidad de Duke, mostró que ratones expuestos a mucho ruido y después a 2 horas de silencio empezaron a desarrollar nuevas neuronas, lo que se conoce como neurogénesis. Los investigadores teorizan que esto podría ser debido a que el cerebro entra en un estado de alerta de alta sensibilidad cuando se produce el silencio, ya que no estamos acostumbrados a él.

Así que pongamos todos de nuestra parte, tanto para no generar ruido, como para saber apreciar el silencio.