Muchas personas sufren ansiedad hoy en día y a veces, por la costumbre, los ataques de ansiedad se confunden con los de pánico. Y en realidad éstos son más comunes de lo que parece y hay que saber identificarlos.

La principal diferencia es que los ataques de pánico suelen terminar una vez superada la situación que los provocó; y la ansiedad se alarga en el tiempo aunque no lo notemos constantemente.

El miedo y la ansiedad son algo común y todo el mundo lo ha sentido alguna vez, bien por el simple hecho de caminar por una calle vacía u oscura, por trabajo, o por miedo a lo desconocido. Y es que si no tuviéramos nunca ansiedad significaría que nuestro cuerpo no responde bien los estados en los que tiene que estar alerta, porque precisamente esta es su utilidad: hacer que estemos más alerta en situaciones que pueden provocarnos algún daño.

Si una vez que salimos de la situación que nos ha provocado ansiedad, ésta se pasa, estamos ante un ataque de pánico. Pero muchas veces se alarga en el tiempo o incluso empeora, y en este momento es cuando se detecta un trastorno de ansiedad.

Si lo sufrimos, las recomendaciones de los expertos intentan ir más allá del consumo de químicos, aunque dependiendo de los casos pueden tomarse pastillas que nos ayuden a calmarnos.

Lo más importante es respirar hondo, si controlamos nuestra respiración, controlaremos la ansiedad. Y evaluar lo que nos está provocando ansiedad y tratar de enfrentarnos a ello.

También es recomendable que la gente de nuestro alrededor sepa lo que nos pasa, hablar con amigos o familiares ayuda a que nos calmemos.

Y, por supuesto, hay ayudas naturales como Tranquinatur, Tranquivial y Tranquitisana, que nos ayudan a relajarnos sin dañar nuestro organismo.