12 de mayo de 2016

Cómo nos ve el sol

Ahora si que sí, nuestra piel empieza a exponerse al sol, y hay que empezar a tomar precauciones. Porque nosotros puede que no lo veamos, pero el protector solar actúa sobre nuestra piel más de lo que pensamos y es muy importante tomárselo en serio.

La cantidad y calidad de radiación solar que recibe nuestra piel varía en función de numerosos factores como son:

  • La hora del día: entre las 12 y las 16 horas es máxima, por lo que hay que evitar exponerse al sol en estas horas.
  • La estación del año: es máxima en julio.
  • La altitud: la radiación UV aumenta un 4% por cada 300 m de altitud.
  • La presencia de nubes: se atenúa la sensación de calor, pero las radiaciones ultravioletas siguen actuando.
  • La reverberación (o radiación reflejada): los diferentes tipos de suelo reflejan los rayos ultravioleta en distinta medida según se trate de:
  1. Nieve (50 a 90%).
  2. Arena (15 a 25%).
  3. Agua (10 a 20 %). Sin olvidar que el agua deja pasar, además, un 90% de los rayos UV.
  4. Hierba o césped (0,5 a 4%).

Las recomendaciones las conocemos todos, pero siempre viene bien recordarlas e insistir en ellas:

  • Utiliza una protección solar adecuada.
  • Aplica la protección solar antes de salir de casa de forma generosa sobre la piel seca 30 min. antes de la exposición al sol. Protégete también los labios.
  • La exposición al sol debe ser progresiva. Con los niños debemos extremar las precauciones.
  • Sécate bien al salir del agua.
    Es importante. Las gotas de agua actúan como lupas con el sol. Debemos secarnos bien y aplicar de nuevo la protección solar.
  • Es necesario prevenir la deshidratación, especialmente niños y ancianos.
  • Utiliza gafas de sol. Las gafas de sol deben tener protección 100% frente a los rayos ultravioletas y frente al azul del visible.
  • Protégete la cabeza de los rayos solares para evitar la insolación. Especialmente en el caso de niños y ancianos.
  • Ten precaución al realizar actividades físicas. Los días en que el calor “apriete”, evita realizar actividades deportivas que requieran un esfuerzo físico importante, sobre todo durante las horas centrales del día. Protégete la cabeza del sol, refréscate y bebe líquidos con frecuencia.

Y ahora si, ¡a disfrutar del solecito!