Las bajas temperaturas del invierno pueden agravar los síntomas de las enfermedades reumáticas y hacer sus síntomas más frecuentes y molestos.

Si hay alguien que verdaderamente sufre con las bajas temperaturas características de la época invernal, son quienes padecen enfermedades reumáticas. Aunque hay que aclarar que las bajas temperaturas no son el origen de estas dolencias. Con el frío los músculos se contraen y pueden tensar las articulaciones adquiriendo cierta rigidez y ocasionar movimientos torpes.

Uno de cada tres españoles que acude al médico lo hace debido a una enfermedad reumática. La característica común de estas enfermedades es que comienzan o terminan afectando a alguna parte del aparato locomotor, pero los síntomas son muy variados. Desde molestias esporádicas, a dolor crónico e inflamación. Las articulaciones son las zonas más afectadas aunque los huesos, tendones, ligamentos y músculos también pueden verse perjudicados. Algunas de las más frecuentes son la artrosis y la artritis.

Algunas medidas físicas pueden contribuir a controlar el dolor:

  • Calor húmedo: el baño en agua caliente mejora la rigidez matutina y facilita la realización de ejercicios y movimientos.
  • Calor seco: favorece la relajación muscular.
  • Frío: aplicable sobre articulaciones con inflamación aguda.

La artrosis se presenta generalmente a partir de los 50 años y afecta sobre todo a las mujeres. Esta enfermedad se produce por la degeneración del cartílago que facilita el movimiento de las articulaciones, con dolor e inflamación en éstas. Los factores que condicionan esta enfermedad son la edad y la obesidad.

En el caso de la artritis reumatoide, es una enfermedad autoinmunitaria que se caracteriza por la inflamación de una o varias articulaciones. Aunque se desconoce el origen de la enfermedad, se cree que se debe a un conjunto de factores de origen genético, ambiental e inmunológico.

Los fármacos empleados habitualmente contra la inflamación y el dolor son antiinflamatorios y analgésicos, que aunque poseen una alta eficacia, provocan graves efectos secundarios, fundamentalmente de carácter gastrointestinal.

La práctica de deportes al aire libre en otoño e invierno puede causar que determinadas dolencias por lesiones anteriores se reaviven y vuelvan a molestarnos después de determinadas prácticas deportivas.

Después del verano o principios de año sentimos la necesidad de iniciar alguna actividad deportiva para mantenernos en forma hasta la primavera siguiente. Si venimos de un periodo más o menos largo de inactividad debemos tener en cuenta que la actividad física debe realizarse de forma progresiva para evitar lesiones y dolores articulares. Estos pueden aparecer por accidentes y por sobrecarga.

CARTILAGO DE TIBURÓN

El cartílago es la base de los huesos del tiburón en la que no se ha producido aún una deposición de calcio; flexible pero a la vez tenaz, recubre las articulaciones entre los huesos permitiéndoles que se deslicen entre si con facilidad. Los tiburones son de los escasos vertebrados cuyo esqueleto está formado casi en su totalidad por cartílago. El cartílago de tiburón evidentemente posee particulares características estructurales que le diferencian del cartílago de los vertebrados superiores y el hombre.

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Entre los efectos beneficiosos del cartílago de tiburón destacamos:

1- Combate las inflamaciones del tejido conectivo (reumas y artritis)

2- Refuerza el sistema inmunológico

3- Auxiliar contra dolores musculares

El cartílago de tiburón puede ayudarte en dolores posturales, lesiones deportivas y problemas reumáticos.

El consumo de este producto es popular como preventivo para los deportistas y personas en general que suelen sufrir desgarramientos musculares, articulaciones inflamadas e inflexibilidad.